La polémica por el aterrizaje de un avión militar de Estados Unidos en el Aeropuerto Internacional de Toluca ha tenido un nuevo giro tras la filtración de documentos oficiales que clarifican el propósito real del vuelo y ponen fin a versiones contradictorias que circularon en medios y redes sociales durante días.
La presencia de la aeronave —un Lockheed Martin Hércules C-130— había encendido sospechas de intervención extranjera o actividades no claras en territorio mexicano, provocando críticas de legisladores y debates sobre la soberanía nacional. Sin embargo, los documentos a los que tuvo acceso un medio informativo muestran que el aterrizaje fue totalmente autorizado por México y con un fin específico de capacitación bilateral.
La evidencia: autorización oficial y destino del vuelo
El documento con fecha 16 de enero de 2026 —dirigido al coronel Keith B. Weidner, representante militar estadounidense en el acuerdo— establece que el gobierno mexicano autorizó expresamente “el vuelo, aterrizaje y pernocta” en territorio nacional del avión, con el objetivo de trasladar personal de seguridad mexicano para capacitación en Estados Unidos.
De acuerdo con la documentación:
- La aeronave no transportó tropas estadounidenses ni armamento.
- Estuvo en suelo mexicano entre el 17 y el 18 de enero de 2026 sólo como parte de una escala técnica y logística.
- La misión consistió en trasladar 39 miembros de la Unidad Nacional de Operaciones Estratégicas de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) hacia el Centro de Entrenamiento de Fuerzas Conjuntas en Camp Shelby, Mississippi.
- Además del personal mexicano, viajaron cinco tripulantes estadounidenses, incluyendo un comandante y su alterno.
Este documento oficial desmonta versiones que hablaban de una intervención militar o de un aterrizaje fuera de los cauces legales, y respalda las explicaciones previas dadas por las autoridades mexicanas.
Sheinbaum: capacitación bilateral y cambios logísticos futuros
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo confirmó que la decisión de permitir el arribo de la aeronave fue tomada por el Consejo Nacional de Seguridad dentro de los parámetros de cooperación bilateral existentes, y que la operación obedecía a capacitación para personal de seguridad mexicana.
Sheinbaum explicó que este tipo de vuelos se han realizado en ocasiones anteriores, aunque normalmente se hacían en bases militares, por lo cual no llamaban la atención pública. La diferencia en esta ocasión fue que el Hércules C-130 aterrizó en un aeropuerto civil, lo cual no representa una violación de protocolo o de soberanía.
Con base en estos hechos, la mandataria anunció que, hacia el futuro, cuando personal mexicano requiera capacitación en Estados Unidos, se priorizará el uso de aeronaves mexicanas para estos traslados, evitando así malentendidos públicos similares.
Debate político y cuestionamientos legislativos
A pesar de la documentación oficial, el episodio alimentó un debate político intenso. El senador Clemente Castañeda de Movimiento Ciudadano (MC) criticó la falta de claridad del gobierno al manejar la información y advirtió que, según la Constitución, el ingreso de fuerzas armadas extranjeras —aunque sean aeronaves— debe contar con la autorización del Senado.
También desde el Partido Acción Nacional (PAN) y el PRI, legisladores reprocharon la falta de transparencia y exigieron explicaciones más detalladas sobre la naturaleza del viaje, quiénes eran los pasajeros y bajo qué marco jurídico se dio el permiso.
Aunque las autoridades han insistido en que no hubo presencia militar extranjera ni operación de combate alguna, la controversia expone la sensibilidad política en torno a la soberanía y la cooperación con Estados Unidos en temas de seguridad nacional.
Contexto y conclusiones: capacitación, no intervención
Los documentos oficiales obtenidos permiten concluir que:
- El aterrizaje del avión militar estadounidense en Toluca fue legal y planificado, con base en acuerdos de cooperación.
- La misión fue logística y de capacitación bilateral, no un despliegue militar.
- La polémica se derivó más de la falta de comunicación pública previa y del uso de instalaciones civiles que del eventual significado estratégico del vuelo.
Así, lo que en un inicio fue presentado por algunos como una posible operación militar extranjera queda claramente explicado como un episodio de cooperación técnica entre México y Estados Unidos, respaldado por documentos oficiales, con la soberanía mexicana respetada y el marco legal cumplido.





