«11 científicos, 4 estados y una pregunta enorme: ¿puede México hacer fracking sin destruir el agua?»

Antes de decir sí o no al fracking, la presidenta Sheinbaum convocó a los mejores científicos del país para que sean ellos quienes hablen primero. Once expertos de las universidades más importantes de México tienen la palabra.


¿Qué es el fracking y por qué importa tanto?

Para entender la noticia, primero hay que entender el término. El fracking —o fracturación hidráulica— es una técnica de extracción de petróleo y gas que consiste en inyectar agua a alta presión, mezclada con arena y químicos específicos, para fracturar la roca y liberar los hidrocarburos atrapados en su interior.

Suena técnico, pero sus implicaciones son muy concretas: más energía disponible para el país, pero con riesgos potenciales para el agua subterránea y los ecosistemas si no se regula correctamente. Por eso es un tema que divide opiniones en todo el mundo — y México no es la excepción.

La decisión del gobierno: primero los científicos

La presidenta Claudia Sheinbaum anunció la integración de un grupo de académicos de alto nivel para orientar las decisiones del país respecto al uso de la fracturación hidráulica. El mensaje es claro: antes de tomar cualquier decisión política o económica sobre el fracking, México quiere saber qué dice la ciencia.

Bajo la coordinación de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI), este comité tiene el objetivo de buscar la soberanía energética sin comprometer la seguridad hídrica ni la salud de los ecosistemas.

Ese equilibrio —energía sin destruir el agua ni el medio ambiente— es exactamente el nudo del debate.

¿Quiénes son los once científicos?

No son nombres elegidos al azar. Rosaura Ruiz, titular de la SECIHTI, presentó a los investigadores que integran este esfuerzo colectivo, provenientes de instituciones como la UNAM, el IPN, la UAM, el TecNM, la UANL y la Universidad Autónoma de Coahuila.

El equipo está diseñado para cubrir todas las aristas del problema:

Dra. Elena Centeno García (UNAM) — geología, tectónica y sedimentación — Dr. Manuel Martínez Morales (IMTA) — exploración y explotación de aguas subterráneas — Dr. Jesús Humberto Romo Toledano (IPN) — tratamiento de aguas impactadas con hidrocarburos — Mtra. Rosa María Hernández Merlín (IPN) — diseño de fluidos de control y fracturantes — Mtro. José Alberto Morquecho Robles (IPN) — ingeniería petrolera y geomecánica — Dr. Carlos Aguilar Madera (UANL) — transporte en sistemas multifásicos y recuperación de hidrocarburos — Dr. Eric Emmanuel Luna (IMP) — recuperación mejorada e inyección de gases — Dr. Fernando Camacho Ortegón (UAC) — geología mineralógica y procesos de extracción — Dr. Samuel Alejandro Lozano Morales (CECITI) — nanotecnologías aplicadas a nanomateriales — Dra. Blanca Jiménez — experta en agua y actual embajadora de México en Francia — Dra. Patricia Galán — directora del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA)

Once perfiles. Once ángulos distintos del mismo problema.

¿Dónde se aplicaría?

El proyecto incorpora la colaboración del Instituto Mexicano del Petróleo y diversos centros públicos de investigación, con un enfoque inicial en estados como Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas y Veracruz. Cuatro entidades con yacimientos no convencionales significativos y, no casualmente, con comunidades que ya han expresado preocupaciones sobre el tema.

La voz de las comunidades también cuenta

Este es quizás el punto más importante de todo el anuncio: la presidenta Sheinbaum enfatizó que tras la definición técnica de los académicos, cualquier proyecto pasará por una consulta con las comunidades para asegurar que sea una decisión colectiva y respetuosa del entorno social.

Ciencia primero. Comunidades después. Política al final. Esa es la secuencia que plantea el gobierno.


La neta del análisis

Lo que se anunció hoy no es una autorización del fracking. Es exactamente lo contrario: es un proceso ordenado para no tomar esa decisión a ciegas ni bajo presión económica.

Armar un comité de once científicos especializados, de las universidades públicas más importantes del país, con perfiles que van desde la geología hasta las nanotecnologías y la protección del agua, es una señal de que el gobierno entiende la complejidad del tema y no quiere improvisar.

El fracking puede ser una herramienta para la soberanía energética de México — o puede ser un error costoso si no se hace bien. La diferencia está en los detalles técnicos, en la regulación y en escuchar a las comunidades que vivirán cerca de los yacimientos.

Por eso este comité importa. No porque tenga la respuesta final, sino porque es el primer paso para que esa respuesta sea honesta, informada y responsable.

Habrá que seguirle la pista de cerca.

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